Libia: La puerta al cementerio del Mediterráneo

RutasMigracionesEuropa se sonroja con las imágenes de los centenares de cuerpos de personas que estos últimos días trataban de alcanzar las costas del viejo continente. Viajaban ligeros de equipaje, los sueños pesan aunque no se pueden medir en kilos; sin embargo, el equipaje pesado lo dejaban atrás, en las guerras y hambrunas que asolan sus pueblos. En su huida se toparon con Libia, un Estado Fallido desde la derrota de Muamar Gadafí a manos de rebeldes apoyados por la OTAN, y es precisamente en este hecho donde se encuentran algunas de las claves para entender el fenómeno de la inmigración.

Libia era un Estado prospero, un país de oportunidades, gracias al Petroleo y especialmente desde el levantamiento en 2003 de las sanciones internacionales que pesaban tras el atentado de Lockerbie. Prueba de ello es la elevada tasa de alfabetización (cercana al 90%) que alcanzaba el país antes de la caída de Gadafí, siendo las universidades libias un referente para muchos estudiantes de los países de alrededor.

Pero la Guerra de Libia mando todo al traste. Una intervención militar internacional, auspiciada por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, facilitó el acceso al poder de los opositores a Gadafí. Sin embargo, con la toma de Trípoli la paz no llegó a la región, las milicias rebeldes se negaron a desarmarse y finalmente la situación desencadeno una guerra civil que aun perdura y en la cual participan organizaciones vinculadas a Al Qaeda e incluso el propio Estado Islámico.

Con esta situación de desgobierno no es de extrañar que los flujos migratorios provenientes de Libia hayan aumentado. Actualmente existe un menor control que en la era de Gadafí y quedarse en Libia ya no es una opción para las miles de personas que huyen a Europa. Y mientras esto sucede, ¿Qué ha hecho Europa?

Occidente ha mirado para otro lado, tanto en el conflicto interno de Libia como con la inmigración. Italia dispuso en solitario de un operativo de salvamento denominado ‘Operación Mare Nostrum’ que finalizó en 2014, entre otras cuestiones, por el alto coste que suponía para el país transalpino. La ‘Operación Tritón’ tomo el relevo pero en esta ocasión era coordinada por Frontex, la agencia europea para la vigilancia de las fronteras exteriores, lo cual ha supuesto que el objetivo de la misión deje de ser el rescate y pase a ser el control de la inmigración. Amnistía Internacional ya adelantó que ambas misiones no eran comparables, mientras que ACNUR ha considerado “totalmente inadecuada” la Operación Tritón’ y ha remarcado que “el objetivo debe ser el de salvar vidas“.

Europa se sonroja por las imágenes, esas imágenes que sacan a flote las vergüenzas de un primer mundo que después de forzar a miles de ciudadanos a emigrar se niega a socorrerlos cuando tocan su puerta. No obstante, desde el Reino Unido, país que apoyó la intervención militar contra Gadafí, el lider de los laboristas y candidato a las próximas elecciones, Ed Miliband, se ha apuntado (aunque sea por motivos electorales) a la tesis de que no había un plan para Libia tras el derrocamiento de Gadafí y que la tragedia en el Mediterráneo “podía haberse previsto y debería haberse evitado”.

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