“Hay gobiernos que venden armas y lanzan bombas, otros organizan festivales de cine”

Foto: Sato Díaz (Oscar Castejón)

Sato Díaz (Albacete, 1987) es el coordinador de comunicación y prensa del Festival Internacional de Cine FiSahara y miembro de la Ejecutiva Permanente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS-Sáhara). Además, ha trabajado en La Tribuna de Albacete, en Cadena SER Albacete, entre otros medios de comunicación, y actualmente es redactor en cuartopoder.es. Ekialde ha tenido la ocasión de charlar con el para preguntarles por el FiSahara y la situación del Sáhara Occidental.

 

  • ¿Cómo surge tu implicación con la causa saharaui?

    En 2008 viajé por primera vez a los campamentos de refugiados, debido a un viaje que se organizaba en mi facultad, Ciencias de la Información, de la Complutense. El viaje se llamaba la Columna de los 1.000 y se trataba de organizar un muro humano, de personas dándose la mano, frente al muro de la vergüenza. A raíz de ese viaje, un grupo de estudiantes llegamos muy concienciados con la problemática saharaui y decidimos crear la Plataforma Universitaria de Apoyo al Sáhara (PUAS). A raíz de ahí, entramos en contacto con el movimiento solidario, observando las principales carencias que en él había: un movimiento centrado en la cooperación con la población refugiada, que en ocasiones dejaba de lado las reclamaciones políticas y la situación de los Territorios Ocupados, debido a que el movimiento está formado, en un 99 por ciento de los casos, por personas voluntarias. Mi contacto con el movimiento solidario me llevó a aceptar formar parte de la Ejecutiva Permanente de CEAS-Sáhara, la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara que aglutina a la mayoría de las asociaciones de solidaridad con el pueblo saharaui del Estado español. Ahí adquirí la responsabilidad de coordinar los asuntos relacionados con movimientos sociales y con juventud. Además, me involucré personalmente mucho en FiSahara, uno de los proyectos con más volumen de CEAS. En el festival soy el coordinador de comunicación y prensa.

  • ¿Cuántas veces has visitado los campamentos de refugiados?

    Creo que ya van 7 u 8 veces.

  • ¿Qué es lo que más te ha impresionado?

    Lo más impresionante de viajar allí es comprender la dignidad de un pueblo que lleva olvidado 40 años. Comprender que el pueblo saharaui, con el Frente Polisario a la cabeza, con sus errores y aciertos, ha organizado una resistencia pacífica y una lucha que engrandece la humanidad, pues pone de manifiesto que la sociedad global en la que vivimos es una patraña que deja de lado a las personas cuando los intereses económicos de un pequeño grupo de personas están en juego. La amabilidad de las y los saharauis, la decencia con la que viven el exilio o la ocupación, la solidaridad que transmiten como forma de vida. El pueblo saharaui me llena de alegría, de energía, que se convierte en rabia, y en ganas de luchar por un mundo que les reconozca su derecho a vivir en su tierra. El derecho de este pueblo, una vez materializado, sólo puede significar que vivimos en un mundo mejor.

  • ¿Cuándo vas a volver?

    Ahora mismo no tengo ningún proyecto en mente allí, pero no tardaré, eso seguro. Tengo que compatibilizar mi activismo con mi vida profesional y personal en la vieja y decadente Europa. 

Sáhara

  • ¿En que estado se encuentra el referéndum en el Sáhara Occidental?

    Es un proceso estancado, desde 1.991, cuando el Polisario aceptó firmar el alto el fuego, en una situación bélica en la que no le iba mal, para apostar por solucionar pacíficamente, mediante la diplomacia, el conflicto. El referéndum no se ha realizado por la negación constante de Marruecos a que se celebre. Una negación que constituye una flagrante humillación a Naciones Unidas, también una institución vieja y decadente, y a la legalidad internacional. El referéndum, conforme pasa el tiempo, tiene dos lecturas: por un lado es un fracaso para el pueblo saharaui, pues después de 24 años no se celebra, la comunidad internacional les ha engañado, por ello cada vez se oyen más rumores sobre la vuelta a las armas. Por otro lado, es una victoria que Marruecos, con los principales apoyos del Estado español y francés, que tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no haya podido imponer sus tesis. El régimen marroquí tiene dinero, y amigos corrompidos, pero no la razón.

  • Últimamente se vienen escuchando cada cierto tiempo rumores sobre el hartazgo de la juventud saharaui y la posibilidad de una vuelta a las armas. ¿Qué hay de cierto en esto? 

    La juventud está harta de un engaño constante y ha perdido la esperanza de que esto se pueda solucionar por la vía diplomática. Entiendo que la juventud saharaui quiera participar de una manera activa en el conflicto, y me alegro de ello, lo contrario sería una juventud muerta, quieta, muda. Entiendo también que hace falta, de alguna manera, un relevo en la forma de gestionar determinadas áreas del conflicto en el Frente Polisario. Sin embargo, desde mi punto de vista, la guerra no es la solución, ni aquí ni en ningún punto del planeta. La guerra es el fracaso de la humanidad, de la razón. Creo que la juventud saharaui debería imaginar, crear… La guerra, en el SXXI, se puede ganar sin disparar un sólo tiro. Quizás no haya que dirigirse, únicamente, a conseguir el apoyo de gobiernos de otros estados, quizás haya que llegar a la opinión pública global, llamar la atención… Para ello, creo que el arte y la cultura pueden ser armas más punteras que los fusiles.

FiSahara

  • ¿Cómo ha transcurrido la última edición del Fisahara? ¿Qué valoración habéis realizado? 

    Ha sido una edición interesante, el tema principal era la Justicia Universal. Ha viajado Manuel Ollé, abogado de la querella contra altos cargos marroquíes por genocidio contra la población saharaui abierta en la Audiencia Nacional. Ollé ha podido tener, en el marco del festival, contacto con las víctimas a las que representa. También viajó Nora de Cortiñas, fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo, que ha compartido experiencias como madre de desaparecido con otros familiares de desaparecidos… En el aspecto cinematográfico creo que se están adaptando las proyecciones a la cultura audiovisual de la población saharaui, también, a raíz de la Escuela de Cine, proyecto hermano de FiSahara, también de CEAS-Sáhara, se ha conseguido que existan cineastas saharauis. En el aspecto comunicativo se está buscando una internacionalización, una difusión de la causa saharaui más allá de los Pirineos y del Atlántico. El FiSahara es un arma política. Hay gobiernos que venden armas y lanzan bombas, otros que organizan festivales de cine.

  •  ¿De dónde surge la idea de realizar un festival de cine en medio del desierto? 

    De la necesidad de llevar el cine a la población refugiada, y de que la historia de esta población salga del desierto gracias a los cineastas, artistas, activistas y periodistas que visitan el festival. Salió hace ya 12 años, supongo que de alguna persona loca que se enganchó, como tantas otras, al té saharaui, que calma, pero no sacia, la sed de justicia. 

  • ¿Qué recorrido tienen las películas que se exhiben en el festival? 

    Hay películas que ya se han estrenado en otros lugares pero que se llevan para que las disfrute la población refugiada, como por ejemplo, los filmes infantiles. Hay muchas de temática saharaui, que difunden la situación de este pueblo, y que a raíz del festival se pueden exportar a otros festivales. Hay producciones saharauis, que son las que nacen para ser visionadas en el festival, realizadas por saharauis, estudiantes o ex estudiantes de la Escuela de Cine. Estas, muchas veces, a raíz de su programación en el festival, entran en contacto otras formas de distribución para llevarlas a otros países. De esta manera, el mensaje de las y los saharauis llega a otros lugares del mundo. Hay que recordar que FiSahara está relacionado con diferentes redes de festivales de cine y de Derechos Humanos. 

  • Son ya doce ediciones, ¿Es un festival consolidado? 

    Es un festival consolidado. Pero es un festival condenado a desaparecer. Por lo menos en este formato, porque su objetivo es celebrarse en el Sáhara libre, junto al mar. No obstante, mientras tanto, seguiremos haciendo este festival en los campamentos, aunque hay que decir que la Ayuda Oficial del Gobierno de España ha desaparecido y la financiación es cada vez más complicada. Agradecemos a los colaboradores su compromiso. Entre ellos al ex alcalde de Donosti, Juan Karlos Izagirre, y al festival de Cine y Derechos Humanos de esta ciudad.

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